Camila es una guerrera. Llora, se seca las lágrimas y sigue adelante. Es fuerte pero es fácil quebrarla. Tiene una vida normal, no se queja de nada. Su madre eligió llamarla así por el personaje del libro La Eneida de Virgilio, aunque le hubiese gustado llamarla Dido, pero Dido sufrió mucho tanto que hasta murió por amor. Camila murió en batalla, Camila nunca bajó los brazos y tampoco sufrió por amor.
Quizás llamarla así es pedir demasiado, nadie puede librarnos del dolor y menos del dolor del corazón; pero una madre busca lo mejor para su hija y, por sobre todas las cosas, busca evitarle todo lo que ella misma padeció.
Camila estaba enamorada del amor, como su madre; nunca había conocido al amor hasta que lo conoció a él: le cambió la vida. Ella creía que había tenido muchas experiencias amorosas en su vida, pero se equivocaba. Horacio era un chico común, sin muchas presunciones, simple, amoroso, bueno, querible. Lo habían llamado de esa manera por un libro muy famoso, que cambió la perspectiva de muchos adolescentes, nada más lejos que la Eneida; el protagonista de la 'anti-novela' Rayuela, de Julio Cortázar portaba también ese nombre. Horacio siempre estuvo confundido pero sin saberlo, pero eso no quita toda su inteligencia. Camila nunca se había detenido a mirarlo, un día se perdió en sus ojos y quedó atrapada en Horacio hasta quién sabe cuando. Se enamoró y dejó caer todo lo fuerte e inquebrantable que vivía en ella, se doblegó, se entregó porque creyó que no necesitaba protegerse de Horacio.
Se habían amado tantas noches, Camila se perdía cada día más en él, pero Horacio no (aunque simulaba hacerlo). Era algo extraño. Ella sentía que él la amaba, pero al cabo de un tiempo, se encontró con la sorpresa de que eso nunca había sucedido. Nunca encontró una respuesta, quizás fue la negación, quizás nunca quiso asumir que su amado no la amaba, no la amó nunca.
Camila ya no era una guerrera, era una llorona; estaba perdida, sin una luz que pueda guiarla. La madre de Camila murió de dolor al no poder evitarle a su hija todo el dolor que ella también había padecido.
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